lunes 29 de noviembre de 2021

Juegos Olímpicos: Un campeón de la mentira

Apolinario “Polin” Belisle Gomez, hondureño de nacimiento, criado en Belice y residente en Estados Unidos, logró acudir a dos citas olímpicas gracias al engaño y a sus ingeniosas mentiras. En 1988 Belisle envió a las autoridades deportivas de Belice un dossier en el que “documentaba” con recortes de prensa su excelente cuarto lugar en la maratón de Long Beach, con un tiempo de 2h 36’18, exponía sus “exhaustivos” sistemas de preparación, y se postulaba para representar a Comité Olímpico Nacional de Belice en los JJOO de Seúl asegurando que obtendría una muy buena clasificación. Convenció a los federativos de Belice que le incluyeron en su equipo olímpico. Sin embargo en Seúl, lejos de sus augurios Apolinario Belisle Gómez, con el dorsal 90, acabo último a más de una hora del vencedor, con un tiempo de 3h 14’02”, con síntomas de deshidratación y haber sufrido varios vómitos. El atleta culpó su descalabro a que la comida asiática no le había sentado bien. Con el tiempo, se fueron despejando las sospechas que habían despertado su actitud y actuación en Seúl y los dirigentes beliceños acabaron por descubrir el engaño de sus fraudulentos resultados.

Cuatro años después, “Polin” se las ingenió para convencer a las autoridades hondureñas, país donde nació, para que amparado en sus clasificaciones y resultados, en los maratones de Long Beach 1991 (2h17’39”) y Los Ángeles 1992 (2h18’38”), lo seleccionaran para los JJOO de Barcelona 1992 donde además se inscribió para las pruebas de 5000 y 10.000m. Se da el caso que en ambas maratones fue descalificado al comprobarse que, pese a finalizar las pruebas, no había pasado por diferentes puntos de control. En su primer día en la villa olímpica de Barcelona, Polin Belisle se cruzó con Ned Pitts presidente del CON de Belice que al reconocerlo inmediatamente puso en antecedentes al responsable del equipo hondureño. La decisión fue su expulsión inmediata de los juegos por un doble motivo, su fraude deportivo y el hecho que no se había formalizado el respectivo acuerdo entre los Comités Olímpicos Nacionales de ambos países.

Auténtico crack en el engaño con sus súplicas, el fraudulento maratoniano, consiguió que al menos le permitieran quedarse como recuerdo con el dorsal (907) y la acreditación. Aunque no se presentó en la salida en las pruebas de pista en las que se había inscrito, Polin si se permitió el lujo de tomar la salida en la maratón olímpica y se dejó ver en los puestos delanteros en los primeros momentos aunque, a diferencia de la de Seúl, desapareció del mapa apenas disputados los primeros kilómetros, se mezcló entre el público y además también huyó para siempre de toda competencia oficial. Lo curioso es que pese al disgusto que su fraude generó en los dirigentes deportivos hondureños el nombre de Polin Belisle figura todavía hoy en la lista de inscriptos de Honduras para esos juegos. Su sed de estar presente en dos olimpiadas ya estaba saciada.