miércoles 8 de abril de 2020

De la mano de Durant

«Defender el territorio» fue el lema que acompañó a los Cavaliers desde que volvieron de Oakland 0-2. Esa leyenda imprimió la organización en las remeras que le regalaron a cada uno de los 18.800 espectadores que pagaron por una entrada en el Quicken Loans, el Q como le dicen acá, en pleno centro de la ciudad.

También en las aceras de las calles cercanas al estadio se podía pisar en blanco sobre el gris del asfalto esa suerte de grito de guerra. No era un slogan más, tan habitual en los playoff; era defender el territorio, el orgullo y el título de campeones.

Ese «Defend The Land C», entre líneas se leía como «hay que quemar las naves» porque en el 0-3 no entran los milagros. Ya el de la temporada anterior, tras el 1-3, fue demasiado y para muchos todavía increíble.

Pero no cambio nada -o casi- respecto de los enfrentamientos disputados en el Oracle. Unos diez minutos iniciales palo a palo y luego la gota sobre la piedra, al final del primer cuarto, que termina por empujar al abismo al campeón. Al mismo tiempo, hay unos Warriors que lucen indetenibles, sumaron su 15ª victoria consecutiva en los playof, un récord absoluto, y quedaron a un triunfo de lograr lo que nadie pudo conseguir en la era de las llaves al mejor de siete encuentros: barrer todas las series.

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Arranque frenético de Klay Thompson (bienvenido a la final, ¡en ataque!), con 16 puntos (4-5 triples) en 9 minutos; la respuesta de LeBron James (15), quien otra vez desde muy temprano se encargó de empujar al elefante. Pero también El Rey merecía un descanso a riesgo de una catástrofe. Y sucedió, parcial de 10-0 con dos bombas de Stephen Curry, en 1m49s. Insólito cierre del primer cuarto para el local.

El segundo cuarto quedará como materia de estudio: los árbitros le permitieron a Cleveland defender más allá de lo reglamentario, claramente. Pero Cleveland no lo aprovechó porque el entrenador Lue empujó otra vez al fracaso a Richard Jefferson al asignarle la marca de de Kevin Durant.

Tampoco Cavaliers aprovechó ese rato en el que Golden State pasó de nafta a gas, porque entre todos los apellidos que no fueran Irving o James, otros siete jugadores, apenas aportaron 17 puntos. Así Warriors llegó a los 67 puntos y ventaja de seis casi sin despeinarse.

Mientras del lado visitante, sin muchas explicaciones, más que por la falta de puntería, se vino en picada la producción ofensiva (apenas 22 puntos en el 3°), a Cleveland le empezó a entrar todo, o casi, desde larga distancia o por las penetraciones de James.

Así fue que empezó la remontada, que lo puso con opciones de cara al cierre, más allá de lo que marcaba el tablero como diferencia entre ambos, siempre cerrado, amenazante del lado de Golden State hasta el último instante.

Porque depender casi exclusivamente de Irving (38 tantos pero con 29 tiros) y James (39 puntos, 11 rebotes y 9 asistencias) en la anotación y el soporte del juego en su conjunto, además de obsceno y contra natura, no fue rentable ni siquiera en el corto plazo.

Un poco más de presión al balón, mayor concentración para evitar los tiros de tres puntos (especialmente en el segundo tiempo), el empuje de su gente, una ayudita de los árbitros, pero especialmente la descolorida segunda parte de Golden State (18 pérdidas, 47% de cancha, hummm) fueron los ingredientes del energizante que tomó Cleveland para revivir.

Sin embargo, de bajar el teló se encargó Durant, con un triple mal defendido y dos tiros libres. Una catarata ofensiva que despertó justo a tiempo para llevarse puestas las ilusiones de Cleveland. O casi, salvo un milagro. Ya vimos uno, la temporada pasada. Otro, tan seguido, no se lo cree nadie.

 

Fuente: Olé